en tu balcón sus nidos a colgar,
y otra vez con el ala a sus cristales
jugando llamarán.
Pero aquellas que el vuelo refrenaban
tu hermosura y mi dicha a contemplar,
aquellas que aprendieron nuestros nombres...
¡esas... no volverán!.
Volverán las tupidas madreselvas
de tu jardín las tapias a escalar,
y otra vez a la tarde aún más hermosas
sus flores se abrirán.
Pero aquellas, cuajadas de rocío
cuyas gotas mirábamos temblar
y caer como lágrimas del día...
¡esas... no volverán!
Volverán del amor en tus oídos
las palabras ardientes a sonar;
tu corazón de su profundo sueño
tal vez despertará.
Pero mudo y absorto y de rodillas
como se adora a Dios ante su altar,
como yo te he querido...; desengáñate,
¡así... no te querrán!
Gustavo Adolfo Domínguez Bastida Bécquer nació en Sevilla en 1836 y murió en Madrid en 1870 a los 34 años. Por esto mismo, si aceptamos que la fecha del triunfo del Romanticismo en España fue en el año 1835, entonces Bécquer no fue propiamente un romántico, sino un Post-romántico.
Su vida conyugal fue bastante desastrosa. Durante los años 50-60, intentó mantener algunas relaciones que fracasaron. No obstante, acabó casado con Casta Esteban, hija de uno de los médicos de Bécquer, concretamente la de su médico de enfermedades venéreas y ludotecas (tenía sífilis contraída en uno de sus múltiples contactos prostibularios). Su mujer, le traicionó con otros hombres y el matrimonio fue un desastre. Esto contribuyó a que sus amigos creasen la imagen de un Bécquer romántico, desgraciado en amores y, esto, se refleja en las Rimas.
Este poema pertenece a las Rimas de Gustavo Adolfo Bécquer, obra publicada tras su muerte en la que se recopilan todos los poemas que escribió a lo largo de su vida. Esta obra es propia de la poesía intimista ya que expresa sus sentimientos más íntimos y personales. El tema en torno al que gira el poema es la nostalgia por un fracaso amoroso, irrecuperable e irrepetible. A través de diferentes símbolos tomados de la naturaleza (v.gr. las golondrinas y las madreselvas) el autor busca evocar la idea de que, aunque el amor vuelva, no será como en el pasado. El amor no será tan profundo e intenso como el que el poeta sintió por ella.
Con esta idea, la obra se estructura en dos partes. Por un lado, en esta primera parte se encuentran las primeras cuatro estrofas y, por otro, el resto de estrofas donde Bécquer expresa directamente que la felicidad del pasado es irrecuperable.
La métrica es sencilla y, a su vez, innovadora y rebelde con las normas. El poema es polimétrico ya que combina versos endecasílabos y heptasílabos que riman en asonantes lo0s pares quedando sueltos los impares.
La lengua está cuidada y llena de recursos estilísticos como símbolos, anáforas, paralelismos, repeticiones, metáforas, polisíndeton, comparaciones y exclamaciones.
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